Entrevista a Georg Iggers

 

Red de Estudiantes de Historia

 

Polaf Safi (P.S.): Usted sostiene que, desde la década de 1870 en adelante, los estudios históricos se sometieron a un “proceso decimonónico de profesionalización”. Y que ese proceso terminó en un “incremento total de la ideologización de la escritura histórica”.

Esto quiere decir que a través del siglo XIX los trabajos históricos se enfocaron en la política del Estado-nación y que, no obstante, la tendencia cambió con el tiempo pues la historia adquirió pretensiones de ciencia social –los Annales en Francia o la historia social neoweberiana en Alemania-.

Los estudios de Daniel Woolf y Donald Kelley, por otra parte, señalan un cambio casi idéntico al que usted propone en la escritura de la historia en la Edad Moderna. Para poner un caso: los humanistas de la temprana edad moderna en Francia -como Boudine y La Popeliniere-, también se quejaban de historias escritas bajo la influencia del orgullo nacional y la manipulación de las fuentes primarias para hacerlas encajar en su narrativa general del pasado glorioso de sus naciones.

En este sentido, ¿usted observa un patrón cíclico como tendencia de la escritura de la historia, pues cada generación se queja de la “subjetividad” de la anterior, mientras se aleja del ideal de objetividad que se proponían?

Por otra parte, si nos referimos al desarrollo de la escritura histórica en Europa, ¿su posición podría reunirse con la de Meinecke y Collingwood cuando se afirma que una actitud moderna hacia la historia se puede encontrar de modo temprano a fines del siglo XVII y XVIII?

Nota: Esto, si se tienen en cuenta debates sobre la escritura y la comprensión de la historia que Jean Bodin, por ejemplo, dio en el marco de la Ars Histórica y el Methodus. Y si se toman estos debates como un punto de partida de los estudios históricos como nosotros los entendemos hoy.

Georg Iggers (G.I.): Creo que la pregunta 1 y la pregunta 2 están relacionadas y las responderé juntas. Ambas se ocupan de la cuestión de los orígenes de la historiografía moderna. Debemos discutir, sin embargo, qué es lo que significan los aspectos modernos de la historia. Debe quedar claro si se cree que es el preámbulo de la narración de una mentalidad secular o un énfasis puesto en la metodología. Juntos tienen orígenes en el humanismo moderno temprano. Yo creo que su pregunta, al citar a Bodin, tiene en cuenta la metodología.

No obstante, los dos aspectos son bien desarrollados en el siglo XVIII. Podemos pensar en Edward Gibbon como el gran historiador de la narrativa y en las academias científicas que surgen en toda Europa como ejemplos del énfasis en la metodología.

Solamente en el siglo XIX, con la profesionalización de los estudios históricos, es que emerge la insistencia en el método. En ese caso podemos pensar en Leopold Ranke o, al final, en Theodor Mommsen, quien en 1902 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Jules Michelet fue un ejemplo de un historiador con raíces firmes en la academia que al igual que otros de sus colegas franceses concibió la tarea de escribir una épica que en sí misma era tan literaria como hija de la historia académica.

Todavía hay un problema en la forma en la que han sido formuladas las preguntas en esta entrevista. Ellas están demasiado ligadas con occidente, como lo han hecho la mayoría de las historias de la historiografía. Si miras movimientos paralelos pero independientes en los estudios históricos que ocurrieron en otras culturas, sobretodo en China.  Benjamín Elman lo  ha tratado bien in  hay hasta las más recientes historias de la historiografía en From Philosophy to Philology: Intellectual and Social Aspects of Change in Late Imperial China.

Allí se puede ver que en los siglos XVII y XVIII hubo un giro similar con los enfoques metodológicos críticos, como en Europa. Y tal como nosotros avanzamos a finales del siglo XIX e inicios del XX hay una mayor relación entre la historiografía occidental y las historiografías no occidentales.

El Segundo problema inherente a estas preguntas es que ellas asignan un gran rol a la historia profesional en el siglo XIX, en miras a revisar la importancia de las historias narrativas ampliamente leídas por no académicos, a menudo ridiculizados como historiadores aficionados.

La profesionalización de la historia formó parte de un proceso global de modernización. Tuvo sus inicios en el siglo XIX, en Prusia. Una vez que el nombre de Ranke se produce, en una sociedad moderna en muchos aspectos, especialmente en su carácter burocrático, a pesar de la concepción de Estado, que ocupa un rol central en esa historiografía, en un tiempo pre-industrial y pre-democráctico.

La profesionalización no se limitó a Occidente, sino que acompañó la formación de la investigación orientada a las universidades alrededor del mundo –como ocurrió muy temprano en Japón- y por la vuelta del siglo XX viajó a través del mundo en Latinoamérica, India, China y, después de 1945, en Nigeria.

El giro que dio la interpretación histórica, de la concentración en la política a la preocupación por las estructuras sociales se produjo con la transformación de las sociedades en la era moderna.

Llegando a la cuestión de la subjetividad y, con ella, la de la objetividad: No veo un patrón cíclico en la escritura de la historia. Es cuestionable que la historia jamás pasó por ciclos. Incluso particularmente en la era moderna, la historia sufre cambios constantemente, descartando ciclos.

La historia profesional aseguró ser objetiva porque se basó en el examen critic de las pruebas pero, en realidad, siempre refleja ideologías. En el siglo XIX, la historia estaba estrechamente vinculada con el Estado nacional, el orden político y social establecido. Discutiré la cuestión de la objetividad, más adelante, en la pregunta 3.

Pero está claro que, en lugar de compartir su afirmación de que el examen crítico de la evidencia, garantiza su objetividad y su neutralidad científica, de hecho casi siempre sirvió a las ideologías, ya sean nacionalistas, en defense del orden establecido o, en un menor número de casos, como una crítica de este orden. En lugar de dejar que las fuentes guíen sus narraciones, se usan las fuentes para reforzar sus argumentos.

P.S. : En el libro La historiografía del siglo XX. Desde la objetividad científica al desafío posmoderno, usted observa la aparente paradoja de que Foucault, como otros posmodernos, niegue que los textos históricos puedan referirse a la realidad en el pasado y, sin embargo, desde una perspectiva histórica, narre cómo, con el ascenso de la modernidad, la sociedad comenzó a ser disciplinada a través de prisiones, colegios, institutos mentales y otros medios.

Puede decirse que los argumentos de Foucault y otros posmodernos acerca de la relación entre historia y realidad pasada, quebrantan sus propios análisis y afirmaciones sobre cómo el modernismo estuvo acompañado del desarrollo de estos medios de disciplinamiento y control en la edad moderna?

G.I.: Existe, por supuesto, una clara contradicción entre las formulaciones teóricas de Foucault y sus escritos históricos. En cuanto a lo que hace en sus trabajos sobre locura y sobre prisiones, para tomar dos ejemplos, asume que existe una realidad histórica. Foucault está obsesionado con una noción de modernización, aunque nunca lo admita. Él muestra cómo la modernización afecta a los institutos mentales, a las prisiones, a los colegios, como parte de una modernidad en desarrollo que él desprecia. Este odio a la modernidad refleja su mirada posmoderna. Hay unos pocos posmodernos que han sido historiadores, como Hayden White y Jacques Derrida. Ellos han sido teóricos que no se han preocupado por escribir historia, a menos de que uno considere la Metahistoria de White una obra histórica más que una obra teórica. El Postmodernismo se ha limitado a la crítica literaria. Foulcault nunca fue a los archivos, ni buscó evidencia de sus afirmaciones para apoyar sus argumentos. Esto fue diferente en el caso de Joan Scott, quien invocó a Derrida en refuerzo de su feminismo; pero cuando escribió historia, como lo hizo sobre las mujeres políticamente activas en la Francia decimonónica, fue a los archivos y utilizó métodos establecidos de investigación, reconociendo en la práctica una realidad histórica que teóricamente negaba.

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