Entrevista a Georg Iggers

 

Red de Estudiantes de Historia

 

P.S.: Usted señala que la mayoría de los avances en la historiografía del siglo XX,  culminando en el rechazo postmodernista de la frontera entre la Historia y la ficción, surgieron de un colapso de la creencia en los valores de la ilustración, la ciencia y la tecnología y el énfasis resultante en sus negativos y alienantes efectos en la sociedad. Al observar que después de la Guerra Fría varios movimientos fundamentalistas estaban de nuevo en ascenso, usted enfatiza en la importancia de la ilustración como una alternativa a la “barbarie.” Si, bajo estas nuevas condiciones, ilustración, ciencia y tecnología pasan por una reevaluación positiva, ¿cómo piensa usted que esta reevaluación se reflejaría en los avances en la escritura histórica?

 

G.I.: Como señalé anteriormente, el postmodernismo ha tenido solo una influencia limitada en la escritura histórica. Los proponentes postmodernistas del rechazo de la frontera entre historia y ficción fueron en mayor parte críticos literarios y en menor medida filósofos. Casi todos los historiadores partieron de la suposición de que había un pasado real, pero también reconocieron la complejidad de tratar con las fuentes. Pero el postmodernismo hizo una indirecta, pero importante, contribución a la reorientación de la escritura histórica, el llamado giro cultural, que supuso en la historia un movimiento de la concentración anterior que hacía énfasis en la política y en la atención de las ciencias sociales hacia estructuras anónimas y procesos, girando hacia nuevos sujetos de la historia, las mujeres, los grupos étnicos y los sometidos, quienes previamente habían sido marginados o totalmente ignorados en las narrativas históricas. La ficcionalización de la historia y el rechazo general de las normas racionales de investigación implicaron un rechazo de los valores de la Ilustración. La Ilustración ahora se hizo responsable no sólo por Foucault y por Horkheimer y Adorno, sino también por un filósofo indio Ashis Nandy, de los horrores del siglo XX. Para Nandy, Occidente se hizo idéntico a la ilustración; para Martin Heidegger, quien apoyo a los Nazis, esto implicaba el rechazo de la modernidad arraigada en la Ilustración, con sus valores de los derechos humanos y la racionalidad.

Pero no creo que el postmodernismo haya logrado matar la ilustración. De hecho, este criticó la modernidad porque, en la organización de la sociedad, mediante la acumulación cada vez más de líneas racionales, ha contribuido a la dominación de los seres humanos en las sociedades modernas de masas. Esto es de lo que Foucault trata. De esta manera, él también se encuentra en la Ilustración, a la cual critica. Y como ya he sugerido anteriormente, esta preocupación postmoderna por los derechos humanos y la dignidad ha dado impulsos a la reorientación de la escritura histórica.

 

P.S.: Teniendo en cuenta el contenido historiográfico de la disputa contra-ilustración/ilustración, ¿es plausible reclamar que el periodo pre-Ranke también es crucial para entender el nacimiento de la historiografía moderna?

 

G.I.: Ya he respondido parcialmente a esto en la pregunta 2. Hay dos importantes desarrollos en la escritura y estudios históricos en el siglo XVIII, que todavía estaban separados y fueron incorporados con Ranke pero también entre otros historiadores en el siglo XIX. El primer desarrollo implica el surgimiento de historias narrativas; Edward Gibbon es un ejemplo. El segundo, es el giro a la filología y la dependencia crítica de la evidencia documental,  la cual, como hemos visto en las preguntas 1 y 2, tuvo inicios anteriores con Bodin y otros, y se convirtió cada vez más importante en el siglo XVIII. Señalé una evolución similar en China. Edward Q. Wang en La invención de China a través de la historia mostró cómo China y las tradiciones occidentales se fusionaron en la historiografía china del siglo XX.

 

P.S.: Como usted señala, historiadores incluso pre-modernos que vieron la historia incluso en términos literarios como entretenimiento y edificación, todavía no consideraban sus obras como ficción pura y una renuncia a su pretensión de verdad. Por el contrario, derivan su legitimidad de ser un "serio" entretenimiento (para usar el término de Nancy Partner) que asume, en su base, la existencia la realidad del pasado.  En lo que concierne a los argumentos posmodernos acerca de la relación entre la historia y la ficción, ¿cuáles son las implicaciones de esta creencia de los historiadores pre-modernos en que la verdad del contenido de sus obras, sin embargo, seguía siendo necesario para su valor como literatura edificante?

 

G.I.: Por supuesto, todos los grandes historiadores del periodo pre-moderno, en el Occidente y en el mundo no-Occidental así -nosotros sólo necesitamos pensar en Tucídides, Sima Qian, Ibn Khaldún- no vieron sus trabajos como pura ficción, sino que buscaron recrear honestamente un pasado real. Sí pensamos en Tucídides, él no sólo era muy cuidadoso con sus fuentes, también intentaba escribir gran literatura. Estos dos aspectos no se excluyen entre sí. Lo mismo ocurre con Edward Gibbon y, como hemos visto antes, con Leopold Von Ranke. Lo que cambió con Ranke es el énfasis sobre las fuentes primarias, seguida de la profesionalización de los estudios históricos. Aquí, a veces, con un incremento de la especialización en el vínculo de la excelencia literaria se perdió la crítica de los recursos documentales, pero esta pérdida no era necesaria.

 

P.S.: En Historiography in the Twentieth Century, sentímos una sensación de sesgo frente a su forma favorita de método histórico, de la cual habla por apegarse a los "criterios de verosimilitud", sobretodo cuando se trata de descubrir la verdad y la realidad pasada. ¿Hasta qué punto cree usted que esta es la forma media de un pragmatismo entre los extremos de los reclamos de historiadores modernos científicos respecto a que la narrativa histórica es un espejo imparcial y objetivo de la realidad pasada, y las reivindicaciones de los posmodernistas respecto a que la narrativa histórica es únicamente una representación lingüística y metafórica  de la misma?, ¿cuál es la mejor forma para que los historiadores traigan sus propias interpretaciones más cerca de la verdad histórica?

 

G.I.: Mi propia posición está claramente en medio de afirmaciones extremas que indican que la narrative histórica es imparcial y un espejo objetivo del pasado –una posición en la que pocos historiadores se mantienen hoy- y las afirmaciones posmodernistas que afirman que la narrative histórica es solo una representación lingüística, una representación metafórica de esto, una posición mantenida por Frank Ankersmit y Hayden White pero por pocos historiadores que practican el oficio. Soy plenamente conciente de que las perspectivas de los historiadores entran en su reconstrucción del pasado, pero también soy conciente de que esta reconstrucción no es puramente metafórica, sino que busca reconstruir elementos del pasado, nada más allá que estos elementos, por lo cual no son productos de la imaginación sino que se apoyan en una evaluación crítica de la evidencia.

P..S.: The German Conception of History: The National Tradition of Historical Thought from Herder to the Present no puede ser descuidado por los que quieren relacionar los supuestos teóricos de los historiadores alemanes de los siglos 19 y 20 con el pensamiento y la acción política. Este análisis crítico de la tradición alemana de la historiografía, sin embargo, ha sido duramente criticado por los comentaristas aludiendo a que las tesis que en él se sostienen, tienen una carga política muy alta. ¿Qué opinión tiene sobre los llamados de atención que le han hecho al libro por tener una carga política muy alta que se refiere a que su tesis asemeja el enfoque “De Lutero a Hitler” en una lucha por establecer una genealogía de los desastres de la República de Weimar y los horrores del nacionalsocialismo?

 

G.I.: Por supuesto que  escribí The German Conception of History desde una perspectiva política consciente. En él, Traté de mostrar la contradicción entre la afirmación de la escuela alemana de la objetividad científica y la ideología ultra- nacionalista y antidemocrático que dio forma a su escritura histórica, Pero eso no quiere decir que mi evaluación de la profesión histórica alemana fuera falsa. Esa era una interpretación basada en evidencia sólida y,  al igual que todas las interpretaciones históricas, podía ser impugnada. El libro no hace ninguna intento por establecer una línea de Lutero a Hitler o por identificar a los historiadores de la tradición erudita alemana, la tradición profesional de Leopold Von Ranke a Gerhard Ritter, en la mayor tradición ultra-nacionalista y anti-democrática o en relación con los nazis. No obstante, el texto sí sugiere que los historiadores en esa tradición sí contribuyeron a socavar la república democrática de Weimar. Mi libro fue tomado muy en serio en Alemania por la joven generación de historiadores que inició un examen crítico del pasado alemán .

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